[Investigación] La Nación Garífuna

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A fines del año 2021 nos ganamos la beca Catalizadora que impulsa TEOR/éTica de Costa Rica, para ampliar nuestra investigación sobre las prácticas artísticas garífunas que iniciamos en Guatemala en el año 2016. Por lo que durante el año 2022 viajamos hacia la costa hondureña, para rastrear tanto a artistas como a organizaciones comunitarias de este pueblo afroindígena transnacional.

En este viaje pudimos entrevistar al pintor Alejandro Aranda y al tallador Ceferino Norales de Triunfo de la Cruz; visitamos el Museo Garífuna Sawaina de la localidad de Limón; y el Garífuna Cultural Center de Roatán en las Islas de la Bahía. Quienes se suman a la investigación de los artistas Cristino López y Cristina Núñez de Livingston en Guatemala.

Les invitamos a revisar nuestra investigación, la que simboliza un hito importante en la existencia del #museodelmundo, ya que refleja nuestro trabajo por la región Centroamericana que lleva 6 años levantado con puro amor y entrega.

Breve historia de la Nación Garífuna

Para comprender los devenires y la diáspora de la comunidad garífuna en Centroamérica y el Caribe, primero debemos hacer un repaso por la importante historia de esta nación afroindígena.

Se tiene conocimiento que las raíces étnicas de los garífunas se remontan en un primer momento, al mestizaje entre mujeres de la etnia Arawak y hombres de la etnia Caribe, ambos provenientes del norte de Sudamérica. Quienes se encuentran en la isla de San Vicente y las Granadinas (conocida popularmente como Yurumein), a partir de procesos migratorios indígenas que se desarrollan durante la época precolonial en las Antillas Menores.

Con el inicio de las campañas colonialistas en el Caribe, se fueron generando disputas entre franceses e ingleses por el dominio de las islas. Lo que generó campañas genocidas y de desplazamiento forzado sin precedentes; debido a que la población Caribe fue altamente masacrada en las islas de Martinica y Guadalupe, quedando San Vicente como uno de los pocos reductos de resistencia Caribe a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, los ingleses siguieron buscando dominar las islas y para resistir, fue fundamental el vínculo que establecieron los Caribes con la población africana cimarrona naufragada en las costas, quienes lograron rebelarse y sobrevivir a la trata esclavista trasatlántica, que se inicia a partir del genocidio indígena.

La mayoría de los africanos sobrevivientes al naufragio en las costas de Yurumein, debieron proceder de Nigeria, Costa de Oro, Congo y Dahomey. Quienes, al tener un enemigo común con los Caribes, unificaron fuerzas para reafirmar su resistencia anticolonialista en la isla. Produciéndose con los años un nuevo mestizaje entre Caribes y africanos, quienes se identificaron a través del tiempo como Garífunas. Considerados como uno de los más grandes ejemplos de resistencia colonial en las islas del Caribe, hasta la caída de su líder Joseph Satuyé en el año 1795, hito que marcó la derrota de los garífunas contra los ingleses y que termina con su exilio forzado de San Vicente; en un primer momento hacia la isla de Belliceaux, hasta su deportación definitiva hacia Punta Gorda en la isla de Roatán en Honduras, donde arribaron un 12 de abril de 1797.

A partir de este desplazamiento forzado, los garífunas nuevamente tuvieron que buscar estrategias para asegurar su supervivencia, por lo que debieron establecer rápidamente acuerdos con la corona española en Honduras. De manera que el trabajo agrícola, realizado por mujeres a través de la plantación de yuca, fue una de las principales acciones para generar confianza y que los hombres pudiesen ocupar puestos en la milicia, como ocurrió con otros grupos afrodescendientes a lo largo de la región durante el periodo colonial.

Sin embargo, al poco tiempo de establecerse en Honduras (Departamentos de Cortés, Atlántida, Islas de la Bahía, Colón y Gracias a Dios), los garífunas comienzan el inicio de su diáspora por gran parte de la costa caribe centroamericana. Abarcando desde el siglo XIX los países de Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua; territorio autodenominado como la Nación Garífuna. Además de considerar que los garífunas se desempeñaron junto a otros antillanos británicos y creoles, como parte de las comunidades que trabajaron más activamente en las plantaciones bananeras de la United Fruit Company (UFCO) durante el inicio del siglo XX, contribuyendo de esta manera al desarrollo de la modernidad en Centroamérica.

Producción artística y cultural

Con el establecimiento de los garífunas en las costas centroamericanas, comienza también el desarrollo de ciertos oficios artesanales como medio para generar autonomía y así poder consolidar su proyecto de nación trasatlántica. Por lo que mediante el tallado en madera, la cestería, el trabajo con telas o la pintura autodidacta, esta nación ha sido capaz de crear sus propios objetos de uso para facilitar tareas como pescar, cocinar, comer/beber, vestirse o jugar; de igual modo que han conformado un sistema de comunicación a través de la danza, la música, la gastronomía y la espiritualidad, el cual se ve materializado a través instrumentos diseñados especialmente para el desarrollo de dichas acciones.

De hecho, actualmente los objetos tradicionales garífunas se han vuelto sumamente importantes para la autoidentificación y el sentido de pertenencia en las nuevas generaciones, ya que no sólo están siendo utilizados en el cotidiano, sino también han pasado a formar parte de la memoria histórica de esta nación. Al punto que se han ido conformando espacios autogestionados como museos comunitarios, centros culturales o medios de comunicación digitales, tanto en Centroamérica como en Estados Unidos; donde diversas organizaciones garífunas se dedican a la puesta en valor de su cultura, a través de la exposición de sus prácticas artísticas y de la enseñanza de su historia.

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¡Conoce algunas prácticas artísticas de los garífunas!

LA CESTERÍA

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Podríamos decir que la cestería es una de las técnicas artísticas más antiguas practicada por los garífunas, junto al tallado en madera. Sin embargo, a diferencia del tallado, la cestería como oficio se encuentra en mayor riesgo de desaparecer debido, entre otros factores, a la migración garífuna que se inicia a mediados del siglo XX hacía países del norte global.

Antiguamente la cestería era un oficio utilizado para crear objetos vinculados al ámbito de lo doméstico y al trabajo en el campo: como joyeros; contenedores; pantallas de lámparas; soplillos; puertas para las casas; mochilas; ruguma y budari para cocinar el casabe; o sombreros con los que los agricultores solían ir a recolectar el banano, la yuca o el coco al monte. Con el inicio de la migración y el surgimiento de las remesas, las casas garífunas comienzan a cambiar, a partir de la influencia de la vida moderna promovida desde los Estados Unidos. De manera que los objetos tradicionales, que en un comienzo fueron creados en base a plantas tejidas, pronto pasaron a ser sustituidos por productos importados y por el plástico. Lo mismo ocurrió con las viviendas Gadamalu, que antiguamente estaban hechas en base a fibras vegetales, pero que luego pasan a ser construidas con cemento y láminas de metal, transformándose de esta manera la antigua vida tradicional.

De acuerdo con esto, cada vez se ha vuelto más difícil encontrar personas que trabajen la cestería en la Nación Garífuna. Siendo Aurelio Miranda en Limón, Honduras uno de sus representantes; al igual que Cristino López o mejor conocido como Tino, quien ha dedicado gran parte de su vida a esta labor, gracias a las enseñanzas que recibe desde pequeño de su maestro en Belice. Sin embargo, este cultor ha manifestado en más de una ocasión la falta de apoyo que recibe y el poco reconocimiento que tiene su trabajo. De manera que, en la actualidad, los objetos hechos con cestería ya no suelen verse con frecuencia en las casas garífunas, sino más bien han pasado a conformar parte de la memoria material de la Nación, siendo expuestos en espacios culturales y en museos comunitarios, como instrumentos de enseñanza para las nuevas generaciones. 

 LA PINTURA

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Es una práctica artística desarrollada por diversos agentes culturales a lo largo de la Nación Garífuna. En general, estos artífices aprenden el oficio a través de la autoexploración de las técnicas, al margen de las academias formales. Por lo que suelen ser personas autodidactas que desde sus infancias han manifestado interés en el arte y en su vínculo con la naturaleza; además de enfocarse en temáticas relacionadas a la memoria garífuna tanto en Yurumein como en Centroamérica; y al aporte de las mujeres en la construcción de su sociedad.

Algunas pintoras destacadas de la Baruwa Garífuna son: Cristina Núñez y Goyita Blanco en Guatemala, quienes se especializan en el retrato femenino y su relación con el paisaje caribeño. Produciendo obras vinculadas a la representación de mujeres garífunas o afrodescendientes, en conexión con los territorios donde viven y también resisten. Al igual que hay artistas como Alejandro Aranda en Honduras, quien trabaja la temática del paisaje desde una perspectiva histórica, ya que suele representar la antigua forma de vida de los garífunas; con sus casas tradicionales conocidas como Gadamalu, construidas antes que comenzaran los desplazamientos territoriales debido a la instalación de proyectos turísticos en el país.

Junto a ellos, también se encuentra Arturo Sánchez (Yellowman) quien ha sido uno de los pintores más importantes y reconocidos de Livingston en Guatemala durante finales del siglo XX. Debido a que dejó tras su muerte en el año 2010, un importante legado pictórico que se visibiliza a través de una serie de murales en distintos puntos del pueblo, los que en su mayoría se encuentran firmados por él. De manera que el rastro de su firma ha permitido indagar en los vínculos y las alianzas colaborativas que establece este artista durante su vida, como fue su trabajo en el Hotel Henry Berisford, donde todavía se pueden apreciar murales vinculados a la fundación del pueblo; la venta de pan de coco; el cultivo de banano; los toques de tambor y la elaboración del Hudutu.  

Para finalizar, es igual de importante destacar a las pintoras garífunas que actualmente se encuentran en la diáspora en Estados Unidos: como Isidra Sabio y Patty Cacho, mejor conocida como Celea Guevara. Quienes se dedican a trabajar temas relacionados a su historia afroindígena y al rol de las mujeres en ella. Exponiendo sus obras en diversos espacios tanto digitales como presenciales en Estados Unidos y en Centroamérica.

EL TALLADO

TALLADO

La práctica de tallar maderas es un oficio históricamente realizado por las comunidades garífunas desde tiempos precoloniales, ya que se tiene conocimiento que las mujeres Iñeri/Arawak tenían un nivel de organización muy avanzado en Yurumein (San Vicente y las granadinas) cerca del año 1.200. Donde desempeñaron tareas artesanales fundamentales para la construcción de su sociedad, debido a que “las mujeres tallaban cuencos de platos, taburetes (duhos) y otros objetos bellamente esculpidos para el uso de la élite, que estaban hechos de una madera negra y brillante, posiblemente de la familia del ébano” (Gargallo, 2002).

A partir de esto, el tallado en maderas pasó a formar parte de las prácticas culturales más importantes de las comunidades Arawak desde antes de la llegada de los Caribes a las Antillas Menores. Por lo que su estudio resulta relevante, no sólo desde la perspectiva histórica o estética sino también, porque deja entrever el protagonismo que han tenido las mujeres en la construcción identitaria de los garífunas.

En la actualidad, el tallado se ha mantenido como uno de los principales oficios garífunas. Que, a partir de su establecimiento en Centroamérica, pasa a ser una labor realizada en su mayoría por hombres en estrecho vínculo con la música, al igual que en relación con la gastronomía tradicional. En general los tallados que se producen varían entre tambores (utilitarios y miniaturas decorativas); maracas; ralladores para el coco, la yuca y el banano; morteros para la preparación de la Machuca o mejor conocida como Hudutu; además de la creación de cayucos para pescar en las costas.

Algunos de los artistas garífunas que se destacan en relación con el tallado en madera, se encuentra Ceferino Norales en Triunfo de la Cruz, Honduras. Quien trabaja objetos para vender en los alrededores de su pueblo o para exportar a lo largo de la Nación. Como también está Jesús Arana de Livingston en Guatemala; quien lleva más de 30 años especializado en la creación de tambores tradicionales y en miniaturas, al igual que en figuras antropomorfas y zoomorfas.

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¡Organizaciones y artistas destacados!

Garifuna Cultural Center

Es un espacio ubicado en Punta Gorda, Isla de Roatán en Honduras, dedicado a la promoción y la enseñanza de la cultura garífuna. Fundado por las hermanas Audrey y Nora Flores, nacidas en Nueva York, Estados Unidos. Quienes deciden retornar a Roatán en el año 2011, con el objetivo de hacerse cargo del bar y restaurante “Flamingo” que años atrás había iniciado su padre Mauricio Flores, en la calle principal del pueblo. 

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Durante los primeros años de retorno a la isla, las hermanas se dieron cuenta que los visitantes extranjeros solían preguntar por la cultura garífuna en el restaurante, cuestión que las motivó a indagar en los inicios y devenires de su historia afroindígena desde una perspectiva feminista. Junto a esto, también se percataron del gran talento artístico en la música y la danza de sus hermanos garífunas en Punta Gorda; pero que lamentablemente estaban obligados a trabajar por salarios muy bajos o en ocasiones nulos para los resort y cruceros que llegaban a la isla, debido a que no había un espacio encargado de enseñar y de promover la cultura garinagu entre los locales y los extranjeros. 

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De acuerdo a esto deciden fundar en el año 2014 el Garifuna Cultural Center, con el objetivo de dar a conocer la historia garinagu, además de empoderar a los artistas locales a través de un pago digno y sostenible por su trabajo. Es por esto que han diseñado diversas actividades para la enseñanza de la cultura como: clases de cocina; clases de percusión con tambores; demostraciones de danzas tradicionales; exposición de instrumentos para la gastronomía; clases de pintura; demostración de hierbas medicinales para la elaboración del guifity; y futuras clases de historia garífuna para establecimientos escolares de la comunidad, entre otras acciones.

Además, cabe destacar la importancia histórica que tiene la localidad de Punta Gorda al ser este el primer lugar donde llegaron los garífunas después de su exilio forzado de San Vicente y las Granadinas en 1797. De modo que El Garifuna Cultural Center es también un punto de resistencia y de memoria histórica dentro de la Nación.

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Museo Garífuna Sawaina

Es un museo comunitario, fundado en el año 2021 por Bernardo Guerrero (Yellowman) junto al apoyo de diversas mujeres y hombres de la localidad de Limón, Departamento de Colón en Honduras; quienes se desempeñan como agentes culturales y se encargan de llevar a cabo las distintas acciones. Entre ellas destacan: Darcel Marín, Margarita Pastor, Danaexy Pastor, Nuvia Guerrero, Johana Álvarez, Rolando Arzú, Norma Gómez y Tesly Arriola. 

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La localidad de Limón es una de las comunidades garinagu con mayor amplitud territorial de toda Centroamérica. Las viviendas tradicionales fueron construidas con la palma Yagua (yaraüwa), techo de paja (muisi) y el piso de tierra (mua). Con una organización comunitaria basada en el concepto de unidad (uwarani); que a partir de la marginalización y el abandono histórico por parte del estado, han tenido que autoconvocarse para remediar la falta de centros médicos y educativos de calidad. De modo que por muchos años, los nacimientos fueron atendidos por las parteras (agüdahatiñu) y los curanderos utilizaban hierbas medicinales para ayudar a combatir las enfermedades. 

De acuerdo a lo anterior, el objetivo del Museo Garífuna Sawaina es conformar un espacio para la educación, la organización y la difusión de la historia garífuna, en base a una política de trabajo democrática, participativa e inclusiva. Para ello, han conformado un comité de niñas y adolescentes de la localidad, quienes se encargan de mostrarles a los visitantes diversos instrumentos y objetos que han sido utilizados por los garífunas desde tiempos antiguos. Entre los que destacan: Fagayu (canalete); Hana (mortero); Sísira (maracas); Fau (bote de basura); Aburidagülei (escoba); Udüraü (pescado); Musue (pañuelo); Ruguma (destilador); Gaïn (yuca) y Garou (mochila).

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Junto a esto, también han conformado una biblioteca especializada en escritura, historia y cultura garífuna; una sección con recortes de prensa donde se visibiliza la presencia garífuna en Honduras; talleres sobre lectoescritura del idioma. Además de establecer vínculos con diversas organizaciones formales e independientes del país, relacionadas a la educación, la salud, las artes y los medios de comunicación. Esto con el propósito de reafirmar su memoria histórica y de relevar la importancia que ha tenido la presencia garífuna en el desarrollo de Honduras en particular y de Centroamérica en general.

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Alejandro Aranda

Alejandro Aranda Cayetano es un pintor garífuna nacido en el año 1955 en la finca La Fragua, en el sector Progreso, ubicado en los antiguos campos bananeros de la United Fruit Company al norte de Honduras. Quien se desempeña hace más de 30 años como maestro de dibujo, pintura y serigrafía.

Sus inicios en la pintura se remontan a su infancia, debido a que desde niño Alejandro manifestó interés en el arte, a pesar que esto no fuese una práctica aprobada por sus padres. Por lo que durante más de un año, le prohibieron asistir a la escuela y estuvo trabajando como repartidor de almuerzos para los trabajadores de los campos bananeros; debido a que en su casa estaba la urgencia de mantener la economía familiar.

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Con el tiempo Alejandro logra ingresar a la escuela, pero con la prohibición de sus padres de dedicarse al dibujo. Sin embargo, era tal la fascinación que tenía por el arte y su vínculo con la naturaleza, que de igual manera dibujaba a escondidas en sus clases. Hasta que un día, en el marco de la celebración del aniversario de su escuela, se abrió un concurso de pintura y lo anotaron para que participara. Fue tal el talento que demostró en la pintura que envió, que Alejando ganó el primer lugar del concurso obteniendo 1.000 lempiras por su obra. Este hito marcó un precedente en la trayectoria del artista, debido a que después de esto su familia nunca más le prohibió pintar, pues comprendieron que el arte podía ser un trabajo remunerado y que su hijo tenía las aptitudes para poder vivir de esto en un futuro.

Luego de su paso por la escuela, Alejandro entra a trabajar en la United Fruit Company y se incorpora como dirigente en la sección de Propaganda y Prensa del sindicato de trabajadores de la UFCO, cargo que lo motivó a seguir perfeccionándose en la técnica de la serigrafía y en el dibujo publicitario, humorístico y artístico en la ciudad de Tela. Hasta el año 1998 en que pasa el huracán Mitch por la costa hondureña, destruyendo a su paso los campos bananeros y dejando a más de 8.000 trabajadores en la cesantía, entre ellos Alejandro Aranda.

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Al verse sin trabajo después del desastre natural, Alejandro decide dedicar su tiempo completo a la práctica artística, realizando rótulos para  empresas locales; pintura costumbrista vinculada a la antigua forma de vida de los garífunas en Triunfo de la Cruz;  los comienzos de la modernidad con la construcción del ferrocarril; muralismo; y trabajo serigráfico vinculado a las luchas sociales contra el despojo de tierras y el desplazamiento forzado, producto de la instalación de proyectos turísticos y hoteleros durante la segunda mitad del siglo XX en tierras garífunas.

Para conocer más sobre Alejandro Aranda, puedes visitarlo en su taller ubicado en Triunfo de la Cruz, Departamento de Atlántida en Honduras. Bajarse en la cancha de fútbol del pueblo y caminar detrás de la panadería “Nuestra lucha”.

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Ceferino Norales

Es músico y tallador garífuna nacido en el año 1940 en Triunfo de la Cruz, Departamento de Atlántida en Honduras. Quien se dedica desde su juventud a realizar objetos tradicionales de la cultura garinagu; junto con especializarse en la elaboración de distintos tipos de Guifity: bebida tradicional hecha en base a plantas que produce en su laboratorio ubicado en el patio de su taller.

Ceferino viene de una familia dedicada al arte, principalmente a través del legado de su abuelo materno, quien se desempeñaba como músico y artesano, además de ser la persona que le enseñó el oficio del tallado en madera. De manera que desde niño, Ceferino comienza a desarrollar una afición por la música, formando parte en su juventud de diversas orquestas garífunas, especializándose en la percusión y en el saxofón. Oficio que le permitió recorrer Honduras y también visitar otros lugares dentro de la Nación Garífuna.

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Al ir desarrollando con el tiempo un mayor manejo en la elaboración de instrumentos tradicionales, Ceferino decide conformar una pequeña empresa turística denominada 3 de Mayo, en conmemoración al día de la fundación de Triunfo de la Cruz; territorio considerado como uno de los primeros municipios continentales de Honduras fundado por garífunas. En dicho emprendimiento, elaboran Hana (mortero) con maderas de Santa María, Almendro, Caoba o Cedro; Garawon (tambores) y también han diseñado un tipo de Sísira (maracas) con doble morro en sus extremos; con el propósito de sacarle un mayor sonido al instrumento y así darle más vida al tambor. 

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Junto a esto, Ceferino también trabaja los Egi (ralladores) tradicionales acompañado de su esposa Blanca Ramos. Por una parte él realiza los marcos de madera y sale a recolectar las piedras de cuarzo a la orilla del mar; mientras Blanca se dedica a triturarlas y a ponerlas una por una sobre las bases de madera. Las que pueden variar en diversos tamaños, pues antiguamente se hacían ralladores que podían superar el metro de altura, con el objetivo de rallar más fácil el coco, el banano o la yuca para hacer el casabe.

Actualmente Ceferino Norales tiene el propósito de crear una escuela de oficios para los jóvenes de su comunidad en Triunfo de la Cruz; y de esta manera, asegurar la continuidad en la enseñanza de diversas prácticas artísticas propias de la cultura garífuna.

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Cristina Núñez

Es una pintora garífuna nacida en Honduras en el año 1963, quien desde pequeña manifestó habilidades manuales durante su época escolar, por lo que rápidamente comienza a dedicarse al arte de forma autodidacta. Hasta que en la década de los ochenta, decide junto a su esposo salir del país para buscar una mejor calidad de vida en los Estados Unidos. De modo que emprenden un viaje el cual termina abruptamente en la ciudad de Tecún Umán, al occidente de Guatemala, debido a las estafas que suelen infligir los coyotes en el mercado de la migración. Por lo que al verse imposibilitados de continuar su viaje hacia “el norte”, junto a su esposo deciden finalmente dirigirse hacia el pueblo de Livingston en el nororiente del país, pues tenían conocimiento de que en ese lugar estaban establecidos los garífunas. 

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En Livingston Cristina comienza a practicar una pintura vinculada al retrato femenino y al paisaje. Utilizando como soporte una serie de objetos tallados en madera, con los que habitualmente la comunidad garífuna suele realizar sus actividades cotidianas: como es el Boulu (bol) empleado tradicionalmente para amasar el Fein tau Faluma (pan de coco) o para la elaboración de dulces; miniaturas de cayucos para pescar; o bases de Egi (ralladores) utilizados antiguamente para rallar el coco, la yuca o el banano. Además de reciclar trozos de madera que encuentra de desecho en la playa. 

A partir de la (re)utilización de dichos elementos, la artista realiza diversas pinturas sobre los objetos basada en retratos de mujeres garífunas; junto a representaciones vinculadas a paisajes costeros, que pretenden contextualizar los territorios donde estas mujeres viven y resisten. De esta forma, Cristina ha conformado un corpus de obra que a través de la escultura y la pintura, nos enseña sobre las raíces culturales de las mujeres garífunas y sus vínculos con África. Por lo que sus obras tienen un gran valor ya que han sido expuestas en diversas instancias sobre todo en la Ciudad de Guatemala. 

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Para conocer más sobre Cristina, te invitamos a visitar su puesto de artesanías ubicado en el centro de Livingston, Departamento de Izabal en Guatemala.

Cristino López

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Es un artista garífuna nacido en el año 1941 en Livingston, Departamento de Izabal en Guatemala, dedicado hace más de cuarenta años a la pesca y a la música. Su padre nació en la localidad de Seine Bight en Belice y a principios del siglo XX, decide migrar hacia Wadimalu (Guatemala) para trabajar en la United Fruit Company junto a otros beliceños y jamaiquinos. A partir de esto, la vida de Cristino transcurre entre Belice y Guatemala construyendo vínculos familiares entre ambos territorios.

Tino, como mejor le conocen en la Baruwa Garífuna, aprendió a trabajar la cestería con su maestro en Seine Bigth, quien le enseñó a preparar la materia prima para tejer, utilizando un pequeño cuchillo como herramienta para limpiar las fibras y para emparejar las puntas. De preferencia, se eligen las varillas de coco como base en el tejido, las que envuelven en la hoja de pimiento con una técnica cestera conocida popularmente como “aduja”. Trabajo realizado preferentemente en las noches, cuando el clima está más fresco y así las fibras se vuelven más flexibles. De igual forma que suele tejer en la temporada de lluvia, ya que así las fibras se humedecen y eso facilita su manipulación.

Dentro del espectro objetual que trabaja Cristino López en su obra están: los joyeros; las lámparas; los sombreros y las gorras. Obras que durante las décadas del sesenta al ochenta solía realizar en Livingston, pero que después comercializaba en Belice ya que al hacer el cambio de moneda, le favorecía mucho más el dólar beliceño que el quetzal. De hecho, Tino en reiteradas ocasiones suele referirse a la problemática en torno a la poca valoración que tiene el trabajo artesanal en Guatemala, cuestión que terminó por movilizarlo definitivamente en el año 2018 desde Livingston hacia Barranco en Belice:

“Que el pueblo mire, que los paisanos me apoyen. Que miren lo que yo puedo hacer. Porque sólo miran el trabajo, pero el sacrificio que yo hago no lo saben. ¡Qué sufrimiento! Cuánto tiempo llevo y para el precio que yo pido, no me lo quieren pagar aún […] ¡Valorar el trabajo, no lo valoran!” (Cristino López, 2016 )

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Actualmente Tino vive en el Distrito de Toledo en Belice, donde sigue dedicándose a la pesca, la música y las artesanías; participando en diversos eventos culturales vinculados a destacar la presencia garífuna en el país.

Proyecto realizado con el apoyo de la Beca Catalizadora 2021 de TEOR/éTica financiada por: DAAD Artists-in-Berlin Program con fondos del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores en el marco del Fondo Internacional de Ayuda para Organizaciones Culturales y Educativas, Arts Collaboratory y DOEN.

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